martes, 28 de enero de 2014

Crea tu propio texto literario

Ahora os toca crear un texto literario. Puede ser un poema, una narración, un cuento... pero tiene que adecuarse a las características que hemos estado viendo hasta el momento.

¡Adelante!

viernes, 24 de enero de 2014

Actividad extra "Encuentra las aliteraciones"

4. De entre la serie de versos que verás a continuación, tan sólo tres de ellos constituyen aliteraciones. ¿Sabrías decir cuales?

a) "hay algunos que son como los olivos,
que solo a palos dan fruto"

b) "el breve vuelo de un velo verde"

c) "La libélula vaga de la vaga ilusión"

d) "es tan corto el tiempo y tan largas
las esperas que mientras en ti pienso
tú por mi desesperas" 

e) "el ruido con que rueda la ronca tempestad"

f) "aquí fue Troya aquí mi desdicha"

lunes, 20 de enero de 2014

Características del lenguaje literario III. Los recursos semánticos

Características del lenguaje literario II. Los recursos gramaticales

¿Ya sabes qué es una aliteración?

De entre la serie de versos que verás a continuación, tan sólo tres de ellos constituyen aliteraciones. ¿Sabrías decir cuales?
a) "hay algunos que son como los olivos, que solo a palos dan fruto"
b) "el breve vuelo de un velo verde"
c) "La libélula vaga de la vaga ilusión"
d) "es tan corto el tiempo y tan largas las esperas que mientras en ti pienso tú por mi desesperas" 
e) "el ruido con que rueda la ronca tempestad"
f) "aquí fue Troya aquí mi desdicha"

Identifica aliteraciones

Identifica las aliteraciones que hay en los poemas que se dan a continuación:


Movióla el sitio umbroso, el manso viento,
el suave olor de aquel florido suelo.
Las aves en el fresco apartamiento
vio descansar del trabajoso vuelo.
Secaba entonces el terreno aliento
el sol subido en la mitad del cielo.
En el silencio sólo se escuchaba
un susurro de abejas que sonaba.

Estrofa 3ª, Égloga III, Garcilaso de la Vega


Mi voz fuera más dulce que el ruido de las hojas
Mecidas por las auras del oloroso abril,
Más grata que del fénix las últimas congojas,
Y más que los gorjeos del ruiseñor gentil.
Más grave y majestuosa que el eco del torrente
Que cruza del desierto la inmensa soledad,
Más grande y más solemne que sobre el mar hirviente
El ruido con que rueda la ronca tempestad.

Fragmentos de «La tempestad», José Zorrilla


Irrumpes al ras del cielo raso
con tus roncos ronquidos
idos en -Re musical.
Te agarro rampante,
y reafirmo en lo raro que resulta
rasgar tus ropas,
rasgar tus ropas como rapaz.
Y más reclamas.
Te haces rojo-marrón
cuando ruegas rabiosa por mi rabia.
Félix Rosario Ortiz


Las palabras del abandono. Las de la amargura.
Yo mismo, sí, yo y no otro.
Yo las oí. Sonaban como las demás. Daban el mismo
sonido.
Las decían los mismos labios, que hacían el mismo
movimiento.
Pero no se las podía oír igual. Porque significan:
las palabras
significan. Ay, si las palabras fuesen sólo un suave
sonido,
y cerrando los ojos se pudiese escuchar en el sueño...
Yo las oí. Y su sonido final fue como el de una
llave que se cierra.
Como un portazo.
Las oí, y quedé mudo.
Y oí los pasos que se alejaron.
Volví, y me senté. Sin sollozo.
Sereno, mientras la noche empezaba.
La noche larga. Y apoyé mi cabeza en mi mano.
Y dije...

Pero no dije nada. Moví mis labios. Suavemente,
Suavísimamente.
Y dibujé todavía
el último gesto, ése
que yo ya nunca repetiría.


Parte II, «El último amor», Vicente Aleixandre

Características del lenguaje literario I. Los recursos fónicos

Indica la rima de este poema:

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
(La princesa está pálida. La princesa está triste.)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».
«Sonatina», Rubén Darío